viernes, 15 de febrero de 2013

No hay como una noche estrellada para recordar esos momentos que a veces quisiéramos borrarlos totalmente de nuestra memoria. Recuerdos felices, que se ven manchados por las lágrimas del dolor que nos provoca el descuido, la decepción, la pérdida, y que, en realidad, justamente lo que más duele, es haber perdido la felicidad que alguna vez pudimos llegar a sentir gracias a ese amor, que pronto se convirtió en sufrimiento y en promesas que jamás llegarían a ser cumplidas. Es que nos enamoramos de lo que una vez fue, lo que en ese momento nos hizo sonreír, y después nos engañamos y nos desgarramos creyendo que eso algún día pueda llegar a volver. Pero, ¿saben que?, una cosa, cualquiera, una vez perdida, ya no es la misma, aunque vuelva. Puede llegar a ser peor, ¡o hasta mejor!, pero nunca, jamás, vuelve a ser lo que una vez tuvimos, por que eso ya lo perdimos, ya quedó en el pasado.

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