sábado, 18 de agosto de 2012

Cuando nos miramos al espejo, lo hacemos para ver como nos ven los demás? O para ver si el espejo nos devuelve la imagen que tenemos de nosotros?. A veces lo que más odiamos de los demás, es un reflejo de lo que más odiamos de nosotros. Los espejos pueden ser traicioneros, uno puede perderse en un espejo; hay espejos en los que queremos reflejarnos; hay espejos en los que uno ve lo que quiere ver, pero también lo que no quiere ver; hay espejos en los que no queremos mirarnos; hay espejos en los que uno no se reconoce. Si no te gusta lo que ves en el espejo, no ganas nada rompiéndolo; uno elige lo que quiere ver en el espejo: puede ver ese rasgo que detesta o esa sonrisa hermosa. ¿Quién no se miro alguna vez en el espejo y recibió una imagen que no le gusto? No hay que luchar contra el espejo, es una pelea perdida de antemano, sin sentido; si no te gusta lo que ves en el espejo, reíte, te vas a empezar a gustar un poco más. El espejo no miente, el espejo nos muestra las cosas tal cuál son; nos muestra lo que tenemos, y también lo que nos más nos falta. Nuestros ojos pueden ver todo, menos a nosotros mismos, para eso necesitamos un espejo. Mientras nos miremos en espejos equivocados, siempre vamos a encontrar destrucción. Hace falta mucho coraje para mirarse al espejo y aceptar lo que vemos. No existe un espejo que nos muestre lo que queremos ver, solo hay que mirarse al espejo y aceptar lo que vemos, porque eso, nos guste o no, es lo que somos...

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